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Después de la última página

8 sept
4 min de lectura

Cinco libros que me acompañan

Por: Cristina Oses

Foto: Biblioteca personal-Cristina Oses
Foto: Biblioteca personal-Cristina Oses

Algunos libros terminan al llegar a la última página. Otros permanecen. Regresan en una conversación, en una fecha especial, ante una noticia o en medio de una pregunta que aún busca respuesta.

Los cinco libros que comparto hoy son muy diferentes entre sí. Sus páginas me han llevado a contemplar la soledad, la fe, la libertad, el dolor y la vida de María. Con el tiempo, cada uno ha encontrado un lugar propio en mi biblioteca y en mi memoria.


1.      Donde me encuentro, de Jhumpa Lahiri

Donde me encuentro es una novela construida a través de escenas breves. La protagonista camina por una ciudad, visita una librería, acude al consultorio de su psicoanalista, comparte con conocidos y observa a quienes se cruzan en su camino. Cada capítulo parece pequeño, pero abre una ventana hacia su mundo interior.

Me atrae la precisión con que Jhumpa Lahiri describe el presente. Le bastan unas pocas páginas para mostrar lo que un encuentro casual despierta en esa mujer: una incomodidad, un recuerdo, una distancia o un deseo que aún no logra nombrar.

A lo largo de las cuatro estaciones, la protagonista va revelando su soledad y la relación que mantiene con el mundo. El libro me hizo prestar más atención a esos momentos cotidianos que suelen pasar inadvertidos, aunque también hablan de nosotros. Una conversación en la calle, una visita breve o una tarde cualquiera pueden contener más vida de la que imaginamos.


2.      El loco de Dios en el fin del mundo, de Javier Cercas

Me llamó la atención que Javier Cercas, un escritor que se define como no creyente, aceptara acompañar al papa Francisco en su viaje a Mongolia por invitación del Vaticano. Esa circunstancia dio origen a una crónica que sigue el recorrido del Papa, el trabajo de quienes organizan sus viajes y la vida de la Iglesia en un país donde los católicos forman una comunidad muy pequeña.

Sin embargo, en el centro del libro hay una pregunta personal. Cercas quiere saber si su madre volverá a encontrarse con su padre después de la muerte. Esa inquietud, nacida del amor de un hijo acompaña todo el relato.

 Lo que más me conmovió fue conocer la vida de los misioneros. Personas que dejan su país, aprenden otra lengua y se acercan con respeto a una cultura diferente para anunciar a Jesús. En las conversaciones que sostiene con ellos se perciben alegría, serenidad y una entrega completa.

El libro me recordó que la fe se reconoce también en quienes la viven de manera sencilla. Y deja una pregunta que toca lo más profundo de nuestra condición humana: qué esperamos encontrar más allá de la muerte.


3.      1984, de George Orwell

Llegué a 1984 por recomendación del escritor español Borja Vilaseca. Lo mencionó como uno de sus libros favoritos y despertó mi curiosidad por esta novela que tantas veces se cita.

La historia de Winston me hizo pensar en la relación entre el poder, las comunicaciones y la mente humana. Orwell imagina un mundo donde los hechos pueden ser reescritos y las personas terminan dudando de aquello que han visto con sus propios ojos. La neolengua ocupa un lugar fundamental en esa construcción: al reducir las palabras, también se reducen las posibilidades de pensar y expresar una idea.

Desde que leí este libro, una noticia o una publicación me encuentra con una pregunta nueva: ¿qué sustento tiene esta afirmación? Esa inquietud no invita a vivir en la sospecha permanente. Invita a buscar fuentes, contexto y evidencia antes de repetir algo como cierto.

1984 sigue acompañándome porque me enseñó a cuidar la libertad de pensar. En tiempos de información inmediata, detenerse a preguntar puede ser una forma de responsabilidad.


4.      La cabaña, de William Paul Young

Leí La cabaña hace unos quince años y todavía conservo mi ejemplar con especial cuidado. Ha sobrevivido a mudanzas, cambios de estante y muchas otras lecturas. Es uno de mis libros más queridos.

La novela parte de un hecho trágico y entra en una pregunta difícil para la fe: dónde está Dios cuando el sufrimiento alcanza a quien parece más indefenso. A partir de esa herida, el protagonista vive un encuentro que transforma la imagen dolorosa de una cabaña en un espacio de perdón, consuelo y amor.

 Me impactó la forma simbólica en que el autor representa al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Una obra de ficción con trasfondo cristiano, capaz de sugerir la ternura y la cercanía de Dios. Mi fe católica tiene en la enseñanza de la Iglesia su fundamento; aun así, la novela me ayudó a contemplar el amor de Dios desde imágenes nuevas.

La metáfora del jardín es una de las que más permanece en mí. Ese jardín representa el corazón humano, con sus heridas, sus hierbas invasoras y su posibilidad de florecer cuando se abre a la gracia. Por eso sigo recomendando el libro y su adaptación cinematográfica cuando, en la catequesis, deseo hablar del perdón y del amor incondicional de Dios.


5.      La vida oculta de la Virgen María, de la beata Ana Catalina Emmerich

Leí La vida oculta de la Virgen María durante la pandemia. Llegué a él por una recomendación escuchada en una charla sobre la Virgen María y quise acercarme a estas visiones recogidas por el poeta Clemens Brentano.

El libro recorre distintos momentos de la vida de María: sus padres, su nacimiento, su presentación en el templo, la Anunciación, el nacimiento de Jesús y la huida a Egipto. Son escenas que la Biblia presenta con sobriedad y que estas páginas contemplan desde una imaginación espiritual llena de detalles.

Este libro me ha servido para detenerme ante los misterios marianos con una sensibilidad renovada. Cuando se acercan celebraciones como la Inmaculada Concepción, la Visitación, la Natividad de María o la Asunción, algunas de esas páginas regresan a mi memoria. Me permitió contemplar su disponibilidad, su vida silenciosa y el dolor que vivió al lado de Jesús, cumpliendo con fidelidad la misión que Dios le confió.


Estos cinco libros siguen acompañándome por caminos distintos. Regreso a ellos cuando necesito detenerme. Quizá esa sea una de las formas más discretas en que un libro permanece: sigue trabajando en nosotros mucho después de que lo hemos cerrado.

1 comentario


Andrew Chin
Andrew Chin
08 sept

El Loco de Dios en el fin del mundo me ha salido 3 veces como sugerido este año. Creo que llego la hora de comprarlo.

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